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Como es sabido por todos nosotros, durante el paso mes de octubre celebramos el Mes del Rosario. Mes en el cual recodamos de una manera especial las bondades de nuestra madre Maria, bajo la advocación dominicana de la Virgen de la Altagracia. Sin lugar a dudas en su reconocimiento como madre nos hace recodar los elementos que engloban la maternidad.
Este es el elemento por excelencia que nos acerca a Dios como raza humana en ser cocreadores con El. Todo esto lo podemos examinar de cara a la nueva legislación que reposa en las manos de nuestro Congreso, la cual desea despenalizar el aborto en nuestro país.
Desde que se produce la fecundación mediante la unión del espermatozoide con el óvulo, surge un nuevo ser humano distinto de todos los que han existido, existen y existirán. En ese momento se inicia un proceso vital esencialmente nuevo y diferente a los del espermatozoide y del óvulo, que tiene ya esperanza de vida en plenitud. Desde ese primer instante, la vida del nuevo ser merece respeto y protección, porque el desarrollo humano es un continuo en el que no hay saltos cualitativos, sino la progresiva realización de ese destino personal. Todo intento de distinguir entre el no nacido y el nacido en relación con su condición humana carece de fundamento.
Nuestra Iglesias Católica, así como la Evangélica y grupos sociales, advertimos que "La matanza masiva de niños en el útero es una forma terrible de terrorismo”. En la actualidad, la ley dominicana establece que "toda mujer, adulta, joven o niña, está obligada a llevar a término un embarazo aunque éste sea producto de violación o incesto," algo que condenan los grupos feministas y legisladores de diversos partidos.
La reforma propone "la inimputabilidad penal a la interrupción del embarazo, dentro de los 90 días de gestación, cuando sea el resultado de una violación sexual, ponga en peligro la vida de la mujer, se evidencien malformaciones genéticas o congénitas graves en el producto del embarazo o el embarazo sea resultado de una fecundación," según el proyecto.
Ante esta situación debemos de interponer el 5to Mandamiento “No matarás” (Ex 20, 13), en el que se nos llama a respetar la vida humana. Nadie pude autorizar la muerte de un inocente, sea embrión, feto, enfermo o anciano, sin cometer, por ello un crimen de extrema gravedad.
Durante este Mes del Rosario alzamos nuestra voz por una sociedad mas justa llena de oportunidades donde se valoren las libertades humanas y sobretodo la dignidad de estas.
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